La Acción Humana frente al Dividendo de la IA: Un Nuevo Camino de Servidumbre

Cristian Marulanda

Cada intervención estatal se apoya en una premisa peligrosa: la creencia de que los burócratas pueden sustituir la acción humana, motivada por fines personales, con planes centralizados que buscan maximizar el “bienestar colectivo» mediante políticas de redistribución o la idea de justicia social. Ludwig von Mises señala en La Acción Humana que esta ilusión suele terminar en fracaso (Mises 2011). En lugar de corregir los supuestos fallos del mercado, el Estado genera distorsiones aún mayores que erosionan la libertad individual, desalientan la innovación y que llevan a los individuos a un camino de servidumbre. 

En los últimos años, especialmente tras el potencial de la inteligencia artificial y la aparición de los grandes modelos de lenguaje (LLMs) que, por medio de las probabilidades, predicen  la siguiente palabra basándose en  cálculos de tokens contenidos  en bases de datos vectoriales basados en la arquitectura Transformer, introducida en el artículo Attention Is All You Need (Vaswani 2016) publicado por investigadores de Google, donde se revolucionó el procesamiento del lenguaje natural al hacer más eficiente el entrenamiento con mecanismos de autoatención. Actualmente, algunos tecnócratas y políticos proponen financiarlo mediante un denominado ‘dividendo de la inteligencia artificial (IA), es decir, una redistribución de los beneficios económicos generados por la automatización y la IA hacia la población. Sus defensores aseguran que la IA generará excedentes de productividad suficientes para sostener transferencias permanentes. Sin embargo, tanto la historia económica como la teoría misesiana demuestran que esto no es cierto: cada vez que el Estado interviene para redistribuir rentas tecnológicas, reduce la creatividad humana y refuerza su propio poder coercitivo (Hayek 2006). 

La Acción Humana como Fundamento

Según Mises, toda economía se basa en la praxeología: las personas actúan con un propósito, intentando transformar su entorno para lograr objetivos elegidos libremente. El mercado no es un proceso aleatorio, sino el resultado espontáneo de millones de decisiones coordinadas por el sistema de precios. Cuando el Estado implementa un programa como el IBU, rompe este orden natural. El ingreso deja de estar directamente ligado a la acción y pasa a depender de transferencias automáticas. Así, se despoja al trabajo de su función moral y cívica, que no solo consiste en producir bienes, sino en formar el carácter y la responsabilidad de las personas. 

Immanuel Kant subraya que la dignidad humana se expresa en el cumplimiento del deber, lo que puede interpretarse como un llamado a asumir el trabajo responsable como parte de la vida moral (Kant 2005). Max Weber demuestra que la ética protestante del trabajo fue un motor decisivo para el capitalismo moderno y para la construcción de propósito social (Weber 2003). Miguel Anxo Bastos advierte que las rentas garantizadas sin esfuerzo fomentan la dependencia y debilitan la responsabilidad individual (Bastos 2016). Vistos en conjunto, estos enfoques convergen en una idea central: el trabajo no es solo un medio de subsistencia, sino una condición de dignidad y una vía para encontrar propósito. Un dividendo de la IA para financiar ocio pagado, en realidad, equivaldría a un subsidio a la pasividad. 

La Ilusión del “Dividendo Tecnológico” 

La narrativa de que cada nueva tecnología crea una fuente fiscal permanente ha sido repetida durante siglos. Sin embargo, la evidencia muestra que tecnologías como el ferrocarril, la electricidad o el internet terminaron comoditizadas, con costos decrecientes y márgenes fiscales menguantes.

Ithiel de Sola Pool, en Tecnologías sin fronteras, documentó cómo las telecomunicaciones fueron inicialmente vistas como una fuente de control estatal y luego reguladas en exceso. Lejos de democratizar la comunicación, el poder político utilizó esas redes para reforzar su autoridad (Sola Pool 1990). El mismo patrón se repite con la IA: la promesa de un dividendo no es más que la antesala de nuevos impuestos y regulaciones, con el pretexto de financiar derechos universales. 

El Dividendo de la IA como Impuesto Oculto 

Proponer que la IA financie el IBU equivale a gravar su producción y consumo. Si cada modelo de lenguaje, cada algoritmo o cada aplicación paga un tributo al Estado, el resultado será el mismo que gravar la electricidad o el ferrocarril en sus primeros años: un desincentivo a la adopción. 

La economía nos enseña que todo impuesto eleva precios y reduce la cantidad demandada (Mises 2011). Así, los usos marginales de la IA, que podrían generar innovaciones futuras, quedarían descartados por falta de rentabilidad. El dividendo no es un ingreso gratuito, sino una barrera al progreso. Es como si en el siglo XIX se hubiera penalizado a los ferrocarriles por destruir empleos de carruajes, sin reconocer que, a largo plazo, creaban industrias enteras a su alrededor. 

El Nuevo Camino de Servidumbre 

Friedrich Hayek advirtió en Camino de Servidumbre que las políticas redistributivas, aunque justificadas en nombre de la justicia social, acaban consolidando el control estatal sobre la vida de los ciudadanos (Hayek 2006). El IBU financiado por la IA es un ejemplo claro: convierte a todos en clientes del Estado, dependientes de un flujo constante de subsidios.

En lugar de adaptarse a la disrupción tecnológica, los individuos aprenden a esperar que el gobierno les proteja de sus consecuencias. La innovación deja de ser un proceso de destrucción creativa y pasa a ser una amenaza que debe ser gravada y redistribuida. La sociedad se desliza hacia la mediocridad: menos riesgo, menos emprendimiento, menos libertad. 

Precedentes Históricos 

  • Revolución Industrial: los ferrocarriles y el telégrafo redujeron costos, pero las rentas fiscales derivadas fueron efímeras. 
  • Electrificación y automóviles: transformaron la vida moderna, pero la competencia redujo márgenes y disipó rentas tributarias. 
  • Era puntocom: generó expectativas desmesuradas y burbujas, pero sus beneficios fiscales se erosionaron con la difusión masiva de internet. 

La IA seguirá este mismo camino: costos decrecientes, adopción masiva y, por lo tanto, reducción de la base fiscal. Pretender lo contrario es ignorar las lecciones de la historia económica. 

La Trampa del Riesgo Moral 

Los experimentos de IBU en Finlandia, Canadá o Kenia muestran un patrón preocupante: los beneficiarios consumen la mayor parte en bienes inmediatos, con poca inversión en educación o salud (Kangas et al. 2019; Forget 2011; Haushofer y Shapiro 2016). Esto confirma lo que la economía del comportamiento ya anticipaba: el sesgo al presente y el descuento hiperbólico llevan a privilegiar el consumo sobre la inversión. 

En términos misesianos, el IBU distorsiona la acción humana: al garantizar ingresos sin esfuerzo, reduce el incentivo a actuar con previsión y responsabilidad. El resultado es una sociedad menos emprendedora y más dependiente de la benevolencia estatal. 

Acción Humana vs. Ingeniería Social 

La esencia de la acción humana es la libertad de elegir y asumir las consecuencias de esas elecciones. La ingeniería social del IBU busca eliminar la incertidumbre, pero en ese intento destruye la base misma del progreso: el aprendizaje por prueba y error, la asunción de riesgos, la competencia por mejorar. 

Cada vez que el Estado promete ingresos universales financiados por tecnologías emergentes, en realidad está reforzando su control sobre la innovación. Lo que debería ser un proceso espontáneo de mercado se convierte en una herramienta de planificación central. 

Un Futuro de Creatividad, no de Subsidios 

Si de verdad se quiere enfrentar el impacto de la IA en el empleo, la respuesta no es redistribuir rentas, sino potenciar la creatividad humana. Eso significa invertir en educación, investigación y marcos institucionales que permitan a los individuos adaptarse a los cambios. 

La acción humana prospera cuando el individuo es libre de decidir, no cuando recibe un ingreso garantizado que lo ata al Estado. La verdadera riqueza no surge de dividendos tecnológicos convertidos en impuestos, sino de la innovación constante que solo florece en mercados libres.

¿Qué nos enseña esto? 

El IBU financiado por un supuesto dividendo de la IA no es un acto de justicia social, sino un nuevo camino de servidumbre. Es un impuesto disfrazado que frena la adopción tecnológica, erosiona la acción humana y consolida la dependencia del Estado. 

La historia de las telecomunicaciones, el ferrocarril y la electricidad muestra que el patrón siempre es el mismo: la tecnología se abarata, se difunde y pierde su potencial fiscal. La IA no será diferente, mitificarla como fuente de riqueza perpetua es un error conceptual y un peligro político 

Frente a esta ilusión, debemos reivindicar la acción humana como motor del progreso. La libertad de emprender, innovar y adaptarse es la única garantía contra el estancamiento. 

Un IBU financiado por la IA sería, en última instancia, un soborno estatal para comprar obediencia, un sustituto de la creatividad humana por consumo pasivo. Y eso no es un camino hacia la libertad, sino hacia una nueva servidumbre.

Bibliografía 

Bastos, Miguel Anxo. “Contra la renta básica.” Conferencia, Universidad de Santiago de Compostela, 2016. 

Forget, Evelyn L. “The Town with No Poverty: The Health Effects of a Canadian Guaranteed Annual Income Field Experiment.” Canadian Public Policy 37, no. 3 (2011): 283–305. 

Haushofer, Johannes, and Jeremy Shapiro. “The Short-Term Impact of Unconditional Cash Transfers to the Poor: Experimental Evidence from Kenya.” Quarterly Journal of Economics 131, no. 4 (2016): 1973–2042. 

Hayek, Friedrich A. Camino de servidumbre. Madrid: Alianza Editorial, 2006. 

Kangas, Olli, et al. The Basic Income Experiment 2017–2018 in Finland: Preliminary Results. Helsinki: Ministry of Social Affairs and Health, 2019. 

Kant, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Madrid: Alianza Editorial, 2005. 

Mises, Ludwig von. La acción humana: Tratado de economía. Madrid: Unión Editorial, 2011. 

Sola Pool, Ithiel de. Tecnologías sin fronteras: De las telecomunicaciones en la época de la globalización. Barcelona: Gedisa, 1990. 

Vaswani, Ashish, Noam Shazeer, Niki Parmar, Jakob Uszkoreit, Llion Jones, Aidan N. Gomez, Łukasz Kaiser, y Illia Polosukhin. 2017. “Attention Is All You Need.” In Advances in Neural Information Processing Systems 30 (NeurIPS 2017), edited by I. Guyon, U. V. Luxburg, S.

Bengio, H. Wallach, R. Fergus, S. Vishwanathan, and R. Garnett, 5998–6008. Red Hook, NY: Curran Associates, Inc. 

Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Península, 2003.

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