Teconología sin valores

Joan Antoni

Somos la generación con más tecnología, información y formación barata en la historia. Sin embargo, ese potencial no siempre se convierte en riqueza personal. Este artículo sostiene que la clave no está en las herramientas, sino en los valores que las acompañan. Disciplina, ahorro, responsabilidad y visión a largo plazo son los hábitos que permiten transformar un smartphone lleno de aplicaciones en un negocio, en patrimonio y en libertad. La tesis es simple: la tecnología es potencia, pero sin valores productivos se queda en entretenimiento y deuda. 

Introducción: la paradoja de tener tanto y acumular tan poco 

Cuando observo a mis compañeros en la universidad o en el trabajo, veo una realidad sorprendente: todos tenemos un dispositivo capaz de conectarnos a millones de recursos, plataformas de formación gratuitas, oportunidades de emprendimiento online y hasta acceso a mercados financieros globales desde el bolsillo. Nunca en la historia un joven tuvo tantas puertas abiertas para progresar. 

Y, aun así, al final del mes muchos seguimos igual de pobres que cuando empezamos. Hay móviles de última generación, auriculares inalámbricos y suscripciones a todas las plataformas de ocio, pero la cuenta bancaria está vacía. Esta contradicción plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve tener tantas herramientas si no aprendemos a capitalizarlas? 

Una oportunidad histórica irrepetible 

Comparar lo que tenemos hoy con lo que tenían nuestros padres o abuelos es casi injusto. Para formarse, muchos debían pagar academias costosas o mudarse a otra ciudad. Para emprender, había que endeudarse con un banco, alquilar un local y contratar empleados. Para invertir, había que abrir cuentas complicadas y aceptar comisiones altísimas. 

Nosotros, en cambio, vivimos otra realidad: 

– Formación: con plataformas como YouTube, Coursera o Udemy, aprender una habilidad cuesta lo mismo que una comida rápida. 

– Emprendimiento: montar una tienda online ya no requiere gran capital. 

– Inversión: apps como Trading212 o Binance permiten invertir desde 20 euros. – Redes: hoy basta un mensaje en LinkedIn o en un grupo de Telegram para encontrar socios o clientes. 

“El conocimiento disperso de la sociedad se coordina mejor en redes libres que en planificaciones centrales.” (Hayek, 1945) 

Tecnología es potencia; los valores son el motor 

Tener un Ferrari parado en el garaje no te convierte en piloto de carreras. Con la tecnología ocurre lo mismo: tener las herramientas no es suficiente, hace falta saber conducirlas.

Los valores que marcan la diferencia son: disciplina, ahorro, responsabilidad y visión de largo plazo. Sin ellos, las herramientas se convierten en entretenimiento. Con ellos, en capital. 

Elinor Ostrom (1990) mostró que las comunidades funcionan cuando se dotan de reglas y hábitos. A nivel personal ocurre igual: sin normas internas, la tecnología se diluye en ocio. 

Experiencias cercanas que lo confirman 

Mi novia decidió empezar a trabajar como esteticista en su barrio. Tenía pocas herramientas y ninguna infraestructura. Podía haberse limitado a atender a unas pocas clientas, pero gracias a la tecnología y a su disciplina encontró otra vía. Usó las redes sociales para mostrar su trabajo, investigó nuevas técnicas en tutoriales y reinvirtió cada euro que ganaba en mejorar su material. Hoy tiene clientela fija y un negocio en crecimiento. 

En mi caso, me tocó aprender contabilidad en el trabajo sin haberla estudiado antes. La primera reacción pudo ser sentirme incapaz. Pero la tecnología jugó a mifavor: tutoriales, foros y manuales en línea se convirtieron en mis maestros. Cada día aprendía algo nuevo y lo aplicaba directamente. Lo que parecía un obstáculo acabó siendo una oportunidad de capitalizarme intelectualmente. 

Cuando faltan los valores 

También es fácil ver el otro lado. Jóvenes endeudados en créditos para pagar móviles de más de mil euros, cursos comprados que nunca se terminan, horas y horas gastadas en redes sociales sin producir nada. Incluso hay quienes se lanzan a invertir en criptomonedas sin ningún plan, y terminan perdiendo sus pocos ahorros. 

La tecnología amplifica lo que ya eres. Si tienes hábitos de disciplina y ahorro, multiplica tu productividad. Si careces de ellos, multiplica tus errores. 

Recomendaciones prácticas para capitalizarse 

1. Automatiza el ahorro. 

2. Aplica lo aprendido. 

3. Construye reputación digital. 

4. Reinvierte en ti. 

5. Mide tu progreso. 

6. Piensa a largo plazo. 

Conclusión: libertad con disciplina 

Nuestra generación tiene más tecnología y más oportunidades que ninguna anterior. Pero esa abundancia no garantiza prosperidad. Lo decisivo no son las herramientas, sino los valores que las orientan. 

Disciplina, ahorro y responsabilidad convierten los móviles y las redes en proyectos y capital. La ausencia de esos valores los convierte en deuda y en una pérdida de tiempo. 

La elección es nuestra. Podemos ser la generación que se quedó atrapada en pantallas, o la que supo convertirlas en patrimonio.

Bibliografía mínima 

– Hayek, F.A. (1945). The Use of Knowledge in Society. American Economic Review. 

– Ostrom, E. (1990). Governing the Commons. Cambridge University Press.

Los contenidos publicados no representan comunicaciones oficiales de la universidad ni han sido sometidos a revisión académica formal. Cada artículo refleja únicamente la opinión o el trabajo de sus autores, en el marco de un proyecto abierto, dinámico y plural impulsado por y para los alumnos.